El Parque Nacional de Akagera, en el este de Ruanda, puede presumir, con razón, de albergar a los llamados Cinco Grandes, elefantes, leones, búfalos, rinocerontes y leopardos. De todos ellos, después de casi quince años sin volver a verlos desde mi último viaje a Tanzania, tenía especial interés en encontrarme de nuevo con los rinocerontes, tanto blancos como negros. Son animales extraordinarios, amenazados por la caza furtiva y la pérdida de hábitat, cuya imponente presencia y aspecto casi prehistórico nos transportan inevitablemente a otra época.
Con la ilusión de encontrarlos, dedicamos dos días a recorrer Akagera. El parque nos sorprendió por su escasa afluencia de visitantes, la extraordinaria variedad de paisajes, que van desde las grandes extensiones de sabana y estepa hasta los lagos, los bosques de acacias y las zonas de matorral, y, sobre todo, por la enorme diversidad de fauna que encontramos durante nuestros safaris.
La búsqueda del rinoceronte tuvo recompensa casi desde el principio. Poco después de entrar en el parque divisamos un enorme rinoceronte blanco que avanzaba completamente solo. Más tarde encontramos grupos de tres ejemplares descansando del intenso calor bajo una acacia, así como dos rinocerontes acompañados de sus crías.
Pero el gran momento llegó cuando, a apenas diez metros de nosotros, apareció el escurridizo y mucho más difícil de observar rinoceronte negro, acompañado de una cría. Permanecimos allí contemplándolos durante unos minutos, conscientes de que estábamos ante una escena realmente excepcional. Ver tan cerca a uno de estos animales, mucho más solitario y difícil de localizar que su pariente blanco, fue uno de los grandes momentos de nuestro paso por Akagera.
Pero Akagera es mucho más que rinocerontes. El parque alberga una fauna extraordinariamente variada y nos tenía preparado otro encuentro difícil de olvidar.
En un momento del safari encontramos a un león macho completamente solo junto al cadáver de un hipopótamo. La escena tenía una tensión especial. Alrededor del cuerpo se concentraban varios hipopótamos, cocodrilos y numerosas aves carroñeras, todos pendientes de la presencia del gran depredador.
Durante casi quince minutos permanecimos completamente solos contemplando al león. En varias ocasiones levantó la cabeza y nuestras miradas se cruzaron. Allí, en medio de la sabana y rodeados por una naturaleza completamente salvaje, sentimos durante unos instantes el verdadero significado de encontrarse frente al rey de la sabana.
Akagera nos recordó que no todo es blanco o negro, y que el gran atractivo de un parque no tiene por qué estar únicamente en aquello que vamos buscando. Los rinocerontes fueron, sin duda, uno de los grandes objetivos de nuestra visita y nos regalaron momentos extraordinarios, pero Akagera ofrece muchos más alicientes: leones, elefantes, búfalos, hipopótamos, cocodrilos, jirafas, cebras y una enorme variedad de aves, todo ello en paisajes muy diversos y con una afluencia turística todavía reducida. Un parque que, sin duda, merece mucho más que una visita rápida.
Recomendaciones
El Parque Nacional de Akagera se encuentra aproximadamente a tres horas por carretera de Kigali. Si se quiere disfrutar del safari desde primera hora, es muy recomendable alojarse en las proximidades del parque y comenzar la actividad al amanecer.
Si se duerme cerca del parque, el segundo día de entrada tiene un descuento del 50 %, lo que hace especialmente interesante dedicar al menos dos jornadas a recorrer Akagera.
La entrada principal se encuentra en la zona sur del parque, pero las mayores concentraciones de fauna suelen encontrarse en las zonas centrales y septentrionales. El desplazamiento hasta estas áreas puede llevar varias horas, por lo que disponer de tiempo suficiente es fundamental para aprovechar realmente la visita.




























