El último edén. Gabón

Salimos hacia el Parque Nacional de Loango desde Port-Gentil. Tras unas tres horas de recorrido entre selva, ríos caudalosos y un paisaje dominado por el verde, abandonamos el asfalto para adentrarnos por exigentes pistas de tierra. Por el camino, una familia de monos cruza junto a nuestro vehículo y poco después aparece el tradicional loro gris africano.

Finalmente llegamos al punto donde embarcamos para cruzar el lago hasta nuestro campamento. El alojamiento es espectacular, con cómodas tiendas perfectamente acondicionadas y un comedor situado frente al lago, donde disfrutamos de un excelente menú de tres platos. Después, un café y una copa, porque aquí todas las bebidas están incluidas.

Mientras disfrutamos de la sobremesa, una enorme manada de monos atraviesa la explanada situada detrás del campamento. Poco después aparecen dos elefantes de bosque acompañados por sus crías. Estamos completamente solos ante ellos, hasta el punto de que uno de nuestros compañeros contempla la escena en calzoncillos, tras salir apresuradamente de su tienda, disfrutando de uno de esos encuentros inesperados que hacen especial cualquier viaje.

Por la tarde salimos de safari, aunque los avistamientos son escasos y lejanos. Conseguimos observar un búfalo de bosque, un elefante con su cría y un par de antílopes. Es verano y la sabana está completamente seca, por lo que los animales se concentran principalmente alrededor de los puntos de agua.

Pero Loango nos tenía preparada una sorpresa. Durante un recorrido en barca encontramos un grupo de unos seis hipopótamos, tranquilos en el agua y abriendo continuamente sus enormes bocas mientras nos observaban. Estamos completamente solos, sin otros barcos ni turistas alrededor. Solo nosotros, los hipopótamos y una naturaleza prácticamente intacta. Es difícil imaginar un lugar mejor para sentirse aislado del mundo.

Al día siguiente ponemos rumbo al río Akaka, en un recorrido en barca sencillamente espectacular, atravesando paisajes que cambian constantemente entre lagunas, selva y sabana. Durante la estación seca, el agua se convierte en el gran punto de encuentro de la fauna y a lo largo del recorrido observamos varios elefantes de bosque bañándose y bebiendo en el río y en sus orillas.

La diversidad de especies es extraordinaria: jacanas africanas, caimanes, cocodrilos del Nilo, cormoranes, martines pescadores, ibis, águilas pescadoras, buitres, jabalíes africanos, búfalos de bosque, antílopes, loros grises, cálaos, patos, monos de mostacho, monos de cara roja y numerosas garzas.

Loango es uno de esos lugares en los que la naturaleza parece no haber recibido todavía la noticia de que los humanos hemos llegado. Aquí no se viene únicamente a buscar animales, sino a sentir la naturaleza, navegar durante horas prácticamente en soledad, atravesar selvas y sabanas sin encontrarse con otros vehículos y dormir escuchando los sonidos de una de las últimas grandes extensiones salvajes de África.

Quizá por eso Loango sea, para mí, uno de los últimos edenes del continente.

Recomendaciones

Loango es un destino exclusivo y caro. Las opciones de alojamiento dentro del parque son muy limitadas. Nosotros nos alojamos en el campamento Iniva, una opción espectacular para vivir la experiencia, aunque con un precio elevado.

La época del año condiciona mucho los avistamientos. Durante la estación seca, los animales tienden a concentrarse alrededor de los ríos y otras zonas con agua, por lo que recorrer el río Akaka es especialmente recomendable.

Es un destino para amantes de la naturaleza salvaje. No hay que esperar grandes concentraciones de animales en cada safari. Su verdadero atractivo está en la combinación de selva, sabana, ríos, lagunas y costa, con una sensación de aislamiento y exclusividad difícil de encontrar en otros lugares de África.

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