En el Parque Nacional de Loango, en el sur de Gabón, nos adentramos en una de esas aventuras en las que la incertidumbre forma parte de la experiencia. Nuestro objetivo era encontrar a uno de los animales más impresionantes de África, el gorila de llanura occidental.
El gorila de llanura presenta algunas diferencias respecto a su pariente de montaña, especialmente en el pelaje y en su adaptación al entorno. Su pelo es más corto y menos denso, algo lógico en un hábitat mucho más cálido y húmedo que las montañas donde viven los gorilas de montaña. También su alimentación está adaptada al entorno en el que habita, basada principalmente en hojas, tallos, frutos y otros vegetales disponibles en las selvas de África central.
Salimos a primera hora de la mañana con la ilusión de encontrar a una de las familias habituadas de la zona. Llegamos al punto de partida y comenzó una espera que no estaba en nuestros planes. Pasaron casi dos horas y los rastreadores seguían sin localizar a los gorilas.
La incertidumbre empezó a crecer. Nos plantearon incluso la posibilidad de buscar una alternativa para aprovechar la mañana, pero nos negamos. Habíamos llegado hasta allí para intentar verlos y estábamos dispuestos a agotar todas las posibilidades.
Finalmente, después de varias deliberaciones, llegó la noticia que estábamos esperando: habían localizado una familia y podíamos intentarlo.
Salimos rápidamente hacia el Gorilla Project y, desde allí, continuamos en barco hasta el punto en el que debíamos comenzar la búsqueda a pie. Lo que vino después fue una auténtica aventura. Abandonamos la embarcación y nos adentramos en la selva, avanzando por un terreno completamente embarrado en el que, en algunos puntos, el barro nos llegaba prácticamente hasta la ingle.
Cada paso era un esfuerzo y cada minuto aumentaba la expectación. Y entonces, de repente, apareció ante nosotros.
El espalda plateada estaba allí, acompañado por su familia, un grupo de alrededor de doce individuos entre hembras, jóvenes y pequeños. Habíamos pasado de la incertidumbre más absoluta a encontrarnos, apenas unos minutos después, frente a una familia de gorilas de llanura en plena naturaleza.
Tuvimos además una enorme suerte. El grupo se encontraba en una zona relativamente abierta, lo que nos permitió observarlos con una visibilidad extraordinaria. Durante más de una hora contemplamos cómo los adultos se alimentaban tranquilamente mientras los pequeños jugaban entre ellos y con otros miembros de la familia.
Resultaba imposible no quedarse hipnotizado observándolos. Sus expresiones, sus miradas, sus gestos y la forma en que interactuaban entre ellos transmitían una familiaridad sorprendente. Nos impresionaban por su fuerza y su presencia, pero al mismo tiempo nos provocaban una enorme ternura, especialmente al ver jugar a los pequeños.
Y entonces llegó el momento que hizo que toda aquella aventura mereciera aún más la pena.
El espalda plateada se levantó y comenzó a caminar lentamente en nuestra dirección. Avanzó con absoluta tranquilidad y pasó a apenas un par de metros de nosotros. Durante unos segundos nos quedamos prácticamente inmóviles, conteniendo incluso la respiración mientras aquel enorme animal cruzaba frente a nosotros. Después continuó su camino y desapareció entre la vegetación.
Habíamos pasado horas esperando, atravesado el barro hasta la cintura y recorrido la selva con la incertidumbre de no saber siquiera si conseguiríamos encontrarlos. Todo había merecido la pena.
Porque encontrarse cara a cara con una familia de gorilas de llanura en las selvas de Gabón no es simplemente observar animales en libertad. Es compartir, durante unos minutos, el territorio de uno de nuestros parientes más cercanos y vivir una de esas experiencias que, mucho tiempo después, seguimos recordando con la misma emoción.
Recomendaciones
La visita al Parque Nacional de Loango para observar gorilas de llanura requiere una buena planificación y debe realizarse con operadores especializados y guías locales que conozcan el territorio y trabajen con los equipos de rastreo.
Es imprescindible llevar calzado adecuado y ropa preparada para el barro y la humedad. El acceso puede ser físicamente exigente y las condiciones del terreno pueden cambiar rápidamente.
La observación de gorilas es una experiencia basada en la naturaleza y, por tanto, nunca está garantizado el avistamiento. Conviene dedicar más de un día a la zona y mantener cierta flexibilidad en el programa.




















