En el Parque Nacional de Chobe, al norte de Botsuana, tuvimos la fortuna de presenciar uno de esos momentos que solo la naturaleza, y los documentales de La 2, pueden ofrecer.
A orillas del río Chobe, varias bellísimas leonas bebían agua sin descanso. Los profundos rastros de sangre que cubrían sus hocicos nos dieron las primeras pistas de lo que acababa de suceder. Al observar con más detenimiento descubrimos, algo más alejado de la orilla y entre un espeso matorral, un árbol repleto de buitres, uno de los carroñeros más emblemáticos de África. Su presencia confirmaba nuestras sospechas: algo grande y sangriento acababa de ocurrir.
Esperamos pacientemente hasta poco antes del atardecer, el momento en que la mayoría de los vehículos de safari emprendían el camino de regreso. Entonces, completamente solos, nos dirigimos hacia el lugar del banquete.
A medida que nos acercábamos apareció ante nosotros el enorme cuerpo sin vida de un búfalo, rodeado por al menos siete leonas adultas y dos cachorros de apenas un mes de vida, que participaban en el festín. La tarde se teñía de tonos anaranjados mientras el silencio de la sabana solo era interrumpido por los chasquidos de los huesos y los gruñidos de las leonas alimentándose. Los pequeños cachorros, ajenos a la dureza de la escena, no dejaban de jugar con la despreocupación y la felicidad de quienes tienen el estómago lleno.
Pero la escena aún guardaba una sorpresa.
De repente, un enorme elefante solitario apareció entre la vegetación. Alertado por el olor del cadáver, lanzó un potente barrito y agitó violentamente sus orejas. En cuestión de segundos, todas las leonas, que hasta ese momento permanecían relajadas, se incorporaron con evidente nerviosismo. Ninguna estaba dispuesta a enfrentarse a un gigante de semejante tamaño.
Los segundos de tensión se nos hicieron eternos. Finalmente, el elefante decidió continuar su camino y las leonas, una vez pasado el peligro, regresaron tranquilamente a su merecido homenaje.
Así es África. Un día cualquiera en el Parque Nacional de Chobe puede convertirse, sin previo aviso, en uno de los recuerdos más intensos e inolvidables de toda una vida.
Recomendaciones
El Parque Nacional de Chobe merece la pena tanto por su famoso safari fluvial sobre el río Chobe como por los safaris terrestres en vehículo 4×4. Ambos ofrecen experiencias muy diferentes y totalmente complementarias.
Las mejores horas para realizar un safari son el amanecer y el atardecer, cuando la actividad de los animales es mayor. Sin embargo, las horas centrales del día tienen una ventaja inesperada: la mayoría de los visitantes regresan a sus alojamientos, por lo que es posible disfrutar de avistamientos prácticamente en solitario.
Chobe es uno de los mejores parques de África para la observación de fauna. Es habitual encontrar jirafas, cebras, kudús, impalas, hipopótamos, cocodrilos, elefantes, leones, hienas moteadas y pardas, chacales y una extraordinaria variedad de aves, entre ellas el águila pescadora africana, el águila marcial y el águila culebrera. En nuestro viaje de 2026, el avistamiento más emocionante fue, sin duda, el de la legendaria y esquiva mamba negra, una de las serpientes más difíciles de observar en libertad.

















