Un atardecer único en el Okavango. Botsuana

Si hay un momento del día que disfruto especialmente en todos mis viajes es, sin lugar a dudas, el atardecer. Normalmente acompañado de mi cámara de fotos, es entonces cuando se produce el mágico encuentro entre una luz perfecta, la emoción que despierta en todos nosotros el ocaso del día y el broche final de una jornada que, casi con total seguridad, ha sido interesante por descubrir nuevas culturas y rincones del mundo.

Son muchos los atardeceres que han quedado grabados en mi memoria: frente a los moáis de la Isla de Pascua, en la espectacular Playa de las Catedrales o contemplando el desove de las tortugas en Cabo Verde. Sin embargo, probablemente haya sido durante este viaje a África donde he vivido el más hermoso de todos.

La magia de ese instante de absoluta armonía con la naturaleza y con la vida llegó a bordo de un pequeño mokoro, la embarcación tradicional utilizada para navegar por las aguas poco profundas del delta del Okavango, una de las grandes maravillas naturales del planeta. Regresábamos a nuestro campamento después de una jornada aprendiendo técnicas de rastreo cuando el atardecer nos sorprendió deslizándonos lentamente sobre el agua.

Un inmenso sol, teñido de un intenso color rojizo, comenzó a ocultarse en el horizonte. La combinación de aquella luz, los mokoros reflejados sobre la superficie del agua, el silencio, únicamente interrumpido por los sonidos de la naturaleza, y la sensación de encontrarnos completamente solos en uno de los paisajes más bellos del mundo, nos envolvió en un estado de felicidad difícil de describir.

Tras desaparecer el sol por completo tras el horizonte, llegamos al campamento, donde nos reunimos alrededor de la hoguera bajo una incipiente Vía Láctea. Mientras compartíamos las emociones vividas durante la jornada, todos coincidimos en lo mismo: acabábamos de ser testigos de uno de los atardeceres más bellos y especiales de nuestras vidas, uno de esos instantes que, sin lugar a dudas, quedará para siempre grabado en nuestras propias memorias de África.

Recomendaciones

El delta del Okavango se visita principalmente desde la ciudad de Maun, en Botsuana.

Varias empresas organizan expediciones que incluyen la experiencia de dormir en campamentos situados en pleno delta. Estas acampadas, en plena naturaleza, son la mejor forma de disfrutar de este extraordinario entorno con toda su intensidad.

Aunque el delta alberga una extraordinaria riqueza faunística, no suele ser un destino donde se concentren grandes cantidades de animales visibles. Es habitual observar elefantes, hipopótamos y una enorme variedad de aves, pero el verdadero atractivo del Okavango reside en la belleza de sus paisajes y en la privilegiada sensación de recorrer, casi en soledad, uno de los ecosistemas más fascinantes del planeta.

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