Si existe un río mítico para los amantes del rafting, ese es el Zambeze. Pocas aventuras pueden presumir de comenzar justo a los pies de una de las maravillas naturales más impresionantes del planeta, las Cataratas Victoria, donde millones de litros de agua se precipitan cada segundo antes de dar paso a uno de los descensos en aguas bravas más legendarios del mundo.
Todavía conservaba muy vivo el recuerdo de mi primer rafting en el Zambeze, hace ya más de veinte años. Aquel día descendimos los veinticinco rápidos del recorrido completo en una jornada repleta de adrenalina, olas gigantes, corrientes salvajes, cocodrilos descansando en las orillas y la constante sensación de estar desafiando a uno de los ríos más indómitos de África. Fue una de esas experiencias que nunca se olvidan, tan emocionante como exigente, y en la que el peligro estaba presente en cada curva del cañón.
Con ese recuerdo grabado en la memoria, este año decidí regresar acompañado de varios amigos. Mientras escuchábamos el briefing de seguridad, una mezcla de emoción, respeto y nervios recorría mi cuerpo. La pregunta era inevitable: ¿seguía mereciendo la pena enfrentarse de nuevo al poderoso Zambeze?
Las intensas lluvias de esta temporada habían obligado a modificar el recorrido habitual. El descenso comenzaba en el rápido número 11 y finalizaba en el 24, una medida destinada a reducir el riesgo de un río que alcanza el nivel V de dificultad, sobre un máximo de VI, en varios de sus rápidos.
Pronto comprendimos que la aventura seguía estando a la altura de su leyenda. Enfrentarse a rápidos con nombres tan intimidantes como The Washing Machine o Judgment Day impone incluso antes de entrar en el agua. Después llega el rugido del río. Las órdenes del guía. Los golpes de remo sincronizados. Montañas de agua cayendo sobre la balsa. Remolinos capaces de tragarse una embarcación. Durante unos segundos, el río manda y solo queda confiar plenamente en el equipo.
Gracias a la experiencia y sangre fría de nuestro guía conseguimos superar todos los rápidos sin salir despedidos de la balsa. Cuando alcanzamos el final del descenso comprendimos por qué el Zambeze sigue siendo una referencia mundial para los amantes de la aventura, incluso siendo la nuestra una versión edulcorada al realizar solo la mitad de los rápidos.
El rafting del Zambeze no consiste únicamente en descender un río. Es enfrentarse a la fuerza salvaje de la naturaleza, sentir cómo la adrenalina se dispara en cada rápido y regresar con la satisfacción de haber vivido una experiencia que difícilmente se puede igualar en otro lugar del mundo.
Recomendaciones
El rafting en el Zambeze es una actividad de aventura que requiere una buena condición física. Además del propio descenso, es necesario bajar caminando hasta el cauce del río y, al finalizar, afrontar una exigente subida por el sendero que asciende desde el fondo del cañón.
La modalidad de media jornada resulta bastante más asequible y menos exigente que el recorrido completo, por lo que cualquier persona con una condición física razonable puede disfrutar de la experiencia con seguridad.
Nosotros realizamos la actividad con la empresa Wild Horizons, cuyo equipo demostró un gran nivel de profesionalidad, tanto en las medidas de seguridad como en la organización y el guiado del descenso.













