En agosto de 2009 participamos en un rally benéfico con destino a Mali. A lo largo de 16 días recorrimos casi seis mil kilómetros desde Sevilla hasta Hombori. De los 17 equipos participantes, solo nueve llegaron el día previsto… ¡y nosotros lo hicimos en tercera posición!

Fueron muchos kilómetros, muchas horas de carretera y mucho cansancio, pero también momentos mágicos, paisajes increíbles y la satisfacción de haber contribuido a una causa solidaria.

Fue un viaje inolvidable. Los acantilados del sur de Marruecos, las noches de Rabat, las playas de Dakhla —un auténtico paraíso para los amantes del surf—, las siete interminables horas bajo el sol para cruzar la frontera mauritana, incluyendo el paso por la temida tierra de nadie y sus campos de minas; los continuos sobornos a la policía mauritana (¡cuánto juego nos dieron aquellos paquetes de mecheros del Real Madrid, también conocidos como «aceleradores de gestiones»!); las dunas del Sáhara; el cruce del Sahel —una de las regiones más duras del planeta por sus extremas temperaturas y la escasez de agua—; los poblados nómadas; las verdes tierras de Mali durante la época de lluvias y los constantes contrastes del viaje forman parte ya de nuestros recuerdos más imborrables.

También permanecerán para siempre en nuestra memoria lugares tan duros como el pueblo fronterizo de Nioro; la impresionante mezquita de adobe de Djenné, la mayor construcción del mundo realizada con este material; los poblados dogones, que parecen haberse detenido en el tiempo y no haber cambiado en los últimos mil años; los bailes, las risas y los regalos compartidos con los niños que encontramos a lo largo del camino; o el llamado «Monument Valley de Mali», un espectacular paisaje modelado por la falla de Bandiagara.

Y, por supuesto, la llegada a Hombori, el emocionante recibimiento de sus habitantes, la fiesta final y la entrega de los vehículos. Todo ello convirtió esta experiencia en una aventura intensa, enriquecedora e inolvidable.

¿Y qué os voy a contar de la abuela? Nuestro Renault 4 se comportó como un auténtico campeón. Aguantó carreteras imposibles, arena, calor y miles de kilómetros sin apenas protestar. Nos dio tanta pena dejarlo allí que, todavía hoy, seguimos recordándolo con enorme cariño.

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