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Las montañas más bonitas del mundo. Pakistán

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Quizás sea una exageración… o quizás no. Quizás sea cuestión de gusto personal… o quizás no. Amigos, encontrarse de frente con las cordilleras del Karakórum, del Hindu Kush y del Himalaya es algo que solo el norte de Pakistán puede ofrecer. La majestuosidad de estas montañas, su presencia casi sobrenatural y la inmensidad de sus glaciares hacen que uno se sienta muy muy pequeño, como un simple viajero frente a gigantes de piedra y hielo.

En el norte de Pakistán, en la región de Gilgit Baltistan, podemos encontrar en apenas ciento cincuenta kilómetros un amplio despliegue de cumbres legendarias: los Passu Cones, afilados y escarpados, como lanzas que perforan el cielo; el Rakaposhi, orgullo del Valle de Hunza, elevándose 7.788 metros sobre el mundo; y el Nanga Parbat, la “Montaña Asesina”, con sus 8.125 metros que desafían la gravedad y la imaginación. Cada una de estas cumbres tiene un carácter propio, una presencia que no se olvida y que se siente en cada respiración.

Acercarse al Nanga Parbat es en sí mismo un desafío épico. Una vez se deja el vehículo, comienza un trayecto en 4x4 por carreteras de montaña estrechas y traicioneras, donde cada curva sobre precipicios es una prueba de adrenalina. Nosotros pinchamos y, debido a un desprendimiento reciente, tuvimos que cambiar de vehículo a mitad del camino. Tras superar este primer obstáculo, el sendero de trekking nos llevó dos horas a través de bosques de pinos centenarios, hasta llegar a Fairy Meadows. Allí, la montaña se impone con todo su poder: un glaciar negro que contrasta con la verde llanura, los picos cubiertos de nieve y un silencio que solo se rompe por el viento y los riachuelos del valle.

El atardecer desde Fairy Meadows es una pintura viva: la luz tiñe la nieve de tonos dorados y malvas, reflejándose en el lago. El amanecer, visto desde nuestro alojamiento, es un espectáculo que deja sin aliento: la montaña parece cobrar vida, proyectando su sombra sobre los valles y recordándonos que estamos ante uno de los lugares más sublimes de la Tierra.

Al día siguiente, seguimos un sendero hacia el viewpoint, dos horas de ida y otras dos de regreso, atravesando prados, riachuelos y bosques que hacen que cada paso sea una experiencia sensorial. Aunque la vista final no sea perfecta, el recorrido permite absorber la grandeza del paisaje en su totalidad. Por la tarde, los habitantes locales nos invitan a disfrutar de partidos de críquet y polo en la llanura, mientras el sol se despide, tiñendo el cielo con tonos malvas y dorados, cerrando un día inolvidable frente a estos colosos de piedra y hielo.

La región de Gilgit Baltistán es un sueño hecho realidad. Un lugar único que directamente se ha colado en mi corazón, convirtiéndose, sin lugar a dudas, en uno de mis destinos favoritos del planeta.

Recomendaciones

  • Fairy Meadows: visita obligada en un viaje a Pakistán. Los alojamientos locales permiten disfrutar de vistas inolvidables y de la cercanía del Nanga Parbat en todo su esplendor.
  • Campo base del Rakaposhi: altamente recomendable. Para vivir la experiencia completa, se debe pernoctar en el último campamento, con vistas directas al Rakaposhi, el Darían y sus glaciares milenarios, un escenario de pura grandeza alpina.
  • El valle del Hunza es un paraíso que no podemos dejar de visitar, con espectaculares visitas como el Passu Cones, Karimabad o el glaciar de Passu.